EL GIRASOL
La pasada tarde, el profe de cono entregó las semillas de girasol que había prometido a sus alumnos, para que las plantaran. Ya tenían los recipientes preparados, pues habían reciclado envases traídos de sus casas, éstos envases les habían coloreado en clase de artística en días anteriores. Todos corrieron a recoger sus recipientes, en cuanto José, su profe les puso las pepitas del girasol encima de sus mesas. Javi, a quien le encantaban las pipas de girasol, estaba tan emocionado que plantó las semillas sin apenas introducirlas en la tierra. José, iba dando las pautas para que todos siguieran el mismo ritmo a la hora de plantarlas y no les pasara lo mismo que a Javi. Todos comentaban como lo iban haciendo, se ayudaban, incluso uno de los compañeros de Javi sacó una lombriz de uno de los puñados de tierra que colocaban en los recipientes. Durante días estuvieron pendientes de la evolución de la semilla. Pusieron turnos para traer agua desde el baño para regarlas diariamente y para limpiar el recipiente que utilizaban para ello. Se organizaron por orden de lista y tanto las chicas como los chicos tenían que recoger y limpiar la mesa donde estaban colocadas todas las semillas. Como iban creciendo tanto con el paso de los días, tuvieron que bajarlas a una zona del patio donde estaban resguardadas del viento y del frío. Además de ver el proceso en vivo, hicieron grupos para recoger información en los ordenadores sobre los girasoles, cuando había que regarles, cuantas horas de sol necesitaban, cuanto tardaban en madurar entre otras mil preguntas que ellos se hacían puesto que jamás habían visto girasoles de verdad y no se imaginaban como crecían las pipas en ellos. Cuando por fin apareció el primer brote, Javi, impaciente fue a ver a su profesor "¿puedo arrancarla ya?", le preguntó ansioso. José le dijo que aún debía cuidar la planta durante más tiempo antes de poder recoger un buen montón de pipas de su girasol. Javi volvió decepcionado, pero siguió cuidando su planta durante un par de meses. Pero cada vez estaba más impaciente, y no hacía más que preguntar al profesor cuándo podía cortar el girasol. Y aunque éste le pidió paciencia, en cuanto el niño vio las primeras pipas en la flor, la cortó para comerlas. Sin embargo, la planta estaba aún verde, y las pipas no se podían comer. Javi quedó desolado: ¡tanto esfuerzo cuidando su planta para al final echarlo todo a perder por un poco de impaciencia! Y aún fue mayor su enfado cuando comprobó lo enormes que llegaron a ser los girasoles de sus compañeros, así que se propuso firmemente no volver a ser tan impaciente y hacer caso al profesor. Y además tuvo suerte, porque sus compañeros compartieron con él las deliciosas pipas de sus girasoles. Además, todos hicieron una puesta en común sobre los girasoles y un póster gigante con los pasos que habían visto en el crecimiento de la planta hasta ver las pipas.
